La vendimia más temprana de la historia — y la uva se paga por debajo de lo que cuesta cosecharla

La vendimia más temprana de la historia — y la uva se paga por debajo de lo que cuesta cosecharla

En España la cosecha arrancó en julio, con hasta 20 días de adelanto. Mientras tanto, en Rioja producir un kilo de uva tinta cuesta 0,864 euros y al viticultor le pagan 0,722. En el Penedès hay ofertas de 25 céntimos. Tres de cada diez botellas que se beben en México salen de ahí.

SaborCiudad ·

La próxima vez que abras un tinto español de esos de MX$220 en el súper, haz un ejercicio incómodo: pregúntate cuánto de esa botella llegó a quien cortó la uva. La respuesta de esta temporada es fea, y viene con número: en La Rioja, producir un kilo de uva tinta cuesta 0,864 euros y el viticultor cobra 0,722. Pierde 14,3 céntimos por kilo.

Y esa es la zona buena. En el Penedès catalán —tierra del cava de las bodas— hay ofertas de 25 a 30 céntimos por un kilo que cuesta entre 53 y 56 producir. En la Comunidad Valenciana, la uva de tinto se paga a 20 o 25 céntimos: ni la mitad del costo. Es como si al taquero le pagaran cinco pesos por un taco que le cuesta doce, y encima le dijeran que tuvo suerte de vender.

Julio: el mes en que empezó una vendimia de septiembre

Empecemos por lo raro, que explica el resto: la vendimia española de 2026 no arrancó en septiembre, como manda la tradición. Arrancó en julio. Jumilla, en Murcia, cortó el 27 de julio: la fecha más temprana de su historia. Somontano, en Aragón, el 30 de julio, con unos quince días de adelanto. Valencia empezó el 3 de agosto —también su vendimia más temprana registrada—, El Bierzo el 5 y Rioja el 6, otro récord. En Canarias y Andalucía ya se cortaba antes de que agosto empezara. Hay zonas con más de veinte días de adelanto sobre lo habitual.

La causa no es misteriosa. La primavera de 2026 fue la segunda más cálida registrada en España, 1,6 °C por encima del promedio 1991-2020, y dejó apenas 134 milímetros de lluvia: tres cuartas partes de lo normal. Junio remató la faena siendo el segundo más caluroso —anomalía de +3,2 °C— y el tercero más seco, con el 39% de la lluvia habitual. La vid, que no lee pronósticos pero sí siente el calor, acumuló azúcares a toda velocidad y encogió las bayas.

¿Qué significa eso en la copa? Uva más pequeña, con más azúcar y menos ácido: más alcohol potencial y menos margen para escoger el día de corte. La cosecha nacional se estima entre 34 y 36 millones de hectolitros, frente a los 33,28 de la campaña anterior, todavía entre 8% y 13% por debajo del promedio de las últimas cinco.

Cuesta 86 céntimos, le pagan 72

Aquí es donde el drama climático se vuelve drama de contabilidad. ARAG-ASAJA, la organización agraria riojana, analizó las campañas de 2020 a 2025 y puso los números sobre la mesa: 0,864 euros de costo por kilo de uva tinta contra 0,722 euros de precio medio efectivamente cobrado. La brecha es de 14,3 céntimos, un 16,5% del costo. Para una explotación de diez hectáreas, la organización calcula una pérdida acumulada de 38.227 euros en ese periodo.

Seis campañas seguidas sin rentabilidad: eso no es una mala racha, es un modelo que dejó de funcionar. Para 2026, las primeras referencias que las bodegas riojanas trasladaron a sus proveedores arrancan en torno a 68 céntimos por kilo para las variedades blancas —66 el año pasado— y desde 72 céntimos para las tintas, el mismo precio que en 2025. Es decir, continuidad: la de un precio que ya se demostró insuficiente.

Igor Fonseca, secretario general de ARAG-ASAJA, lo resumió en una frase que debería estar colgada en cada bodega: "La calidad empieza en el viñedo y también debe pagarse en el viñedo". Suena a obviedad. Lo grave es que haya que decirlo.

La vendimia española 2026, en números:

• Inicio de cosecha: Jumilla 27 de julio, Somontano 30 de julio, Valencia 3 de agosto, El Bierzo 5 de agosto, Rioja 6 de agosto — récords históricos en varias de ellas
• Primavera 2026: +1,6 °C sobre el promedio 1991-2020 y solo 134 mm de lluvia (75% de lo normal)
• Cosecha estimada: 34 a 36 millones de hectolitros (33,28 en la campaña anterior; 8-13% bajo la media de cinco años)
• Rioja: costo 0,864 €/kg vs. precio cobrado 0,722 €/kg — brecha de 14,3 céntimos (ARAG-ASAJA, campañas 2020-2025)
• Penedès: ofertas de 25-30 céntimos/kg; costo según Incavi, 53-56 céntimos; en 2025 se pagó entre 50 y 70
• Comunidad Valenciana: uva de tinto a 20-25 céntimos, uva de cava a 28-40; costo estimado, 50-60 céntimos
• Superficie de viñedo en España: más de 913.000 hectáreas — con más de 200.000 perdidas entre 2005 y 2025
(Fuentes: Vinetur, agosto de 2026; ARAG-ASAJA vía Moncloa.com, 27 de agosto de 2026; Mundo Agropecuario, 26 de agosto de 2026; Economía 3, 25 de agosto de 2026; Infobae España, 17 de agosto de 2026)

Cataluña: cuatro millones de kilos que nadie quiso

El caso catalán es el que mejor retrata el problema, porque ahí el excedente tiene cara y kilos. Una encuesta del 30 de mayo entre 38 productores del Penedès contabilizó cerca de cuatro millones de kilos de uva sin comprador. Un solo viticultor, Josep Anton Escofet, tenía 200.000 kilos sin salida. En 2025 cobró entre 50 y 70 céntimos por kilo; este año le ofrecen la mitad.

Joan Gené, director del Institut Català de la Vinya i el Vi (Incavi), calcula que entre 10% y 15% de la superficie de viñedo catalana está en riesgo de rentabilidad. Y el mapa ya se encoge solo: Cataluña pasó de 64.273 hectáreas en 2001 a 55.194 en 2025, un 14,2% menos. En Utiel-Requena, la caída fue de 38.000 a poco más de 32.000 hectáreas en ocho o diez años.

Jacinto Murciano, de AVA-Asaja, no se anduvo con diplomacias: "Los precios están muy mal, fatal". José Luis Navarro, vicesecretario general de La Unió, fue más crudo: "No sabemos si vendimiaremos o no, porque los precios son una ruina". Hay agricultores evaluando si vale la pena bajar el fruto que ya está en la planta.

500 euros por hectárea para no cosechar

Cuando no hay salida de mercado aparece la política agraria con su solución más melancólica: la vendimia en verde. Es exactamente lo que suena —eliminar los racimos antes de que maduren— y en 2026 se pagó dentro del Plan Estratégico de la PAC con 500 euros por hectárea más 0,55 euros por kilo de compensación, calculada sobre la media de las tres campañas anteriores.

El detalle revelador está en la letra chica: en la DO Bierzo, menos de veinte productores pidieron la ayuda, apenas el 1% de las 2.300 hectáreas inscritas. Ni pagándoles por destruir uva se apuntan. El viticultor de mencía vieja, difícil de mecanizar, prefiere cortar y vender barato antes que ver el racimo tirado en el suelo. Es un sector que ya no tiene buenas opciones, solo menos malas.

El desequilibrio de fondo sigue ahí: las existencias españolas de vino a 30 de abril de 2026 sumaban 38,95 millones de hectolitros, y en los doce meses hasta marzo las exportaciones cayeron 4,3% en volumen y 3,4% en valor (2.851 millones de euros). Se produce mucho, se vende menos, y el golpe lo absorbe siempre el eslabón que no puede almacenar: el que tiene la uva colgando.

Qué tiene que ver todo esto con la botella que pides en México

Mucho más de lo que parece. España es el primer proveedor de vino a México en valor: 91,8 millones de euros en 2024, según el Observatorio Español del Mercado del Vino y el ICEX. Tres de cada diez botellas que se beben en México vienen de allá, en un mercado que importa más de 81 millones de litros al año. México es, además, el segundo mercado mundial de la Ribera del Duero, tras Estados Unidos.

Ese vino español entra a México a un precio medio de entre 3,5 y 4 dólares por litro. Súmale flete, aduana, impuestos, distribuidor y restaurante, y ahí tienes la explicación de por qué la copa de tempranillo cuesta MX$180 en un lugar donde el viticultor cobró centavos de euro por el kilo de uva. No es que la cadena esté llena de villanos: la bodega también tiene stock sin vender y el restaurante también paga renta. El problema es estructural. Cuando el precio final se sostiene y el de origen se hunde seis campañas seguidas, el margen no desapareció — se movió de lugar.

El contraste con lo de este lado del charco es casi cruel. Del 5 al 30 de agosto, Baja California celebró sus Fiestas de la Vendimia 2026 esperando más de 90 mil visitantes y una derrama superior a 600 millones de pesos, con 80 bodegas y 55 restaurantes en la Muestra del Vino. El estado concentra cerca del 70% de la producción nacional con poco más de 4.500 hectáreas: una escala minúscula frente a las 913.000 españolas. Ahí está la lección — el vino mexicano vende experiencia; el español, volumen. Y el modelo de volumen es el que está tronando.

Cómo comprar vino este otoño sin ser cómplice

Pregunta de dónde viene, no solo qué añada es. Una bodega que declara su zona y lo que pagó por la uva te dice más que cualquier medalla dorada pegada en la botella.

Desconfía del vino español ridículamente barato. Cuando veas la etiqueta de MX$79 en el anaquel, ya sabes de dónde salió ese descuento: de un viticultor del Penedès o de Utiel-Requena que cobró 25 céntimos por kilo. No es tu culpa, pero sí es tu información.

Y si el restaurante te cobra MX$200 la copa, que se note. Temperatura correcta, copa adecuada, botella abierta el mismo día.

La uva madura veinte días antes y se paga la mitad. Ese es el vino de 2026: más caliente, más barato en el campo, igual de caro en tu mesa.

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