
El impuesto al refresco recaudó 32,769 millones en seis meses — señal de que nadie dejó de tomarlo
La cuota por litro casi se duplicó este año para desincentivar el consumo. El resultado fue la recaudación más alta desde que existe el gravamen y un Mundial que la disparó todavía más. En la taquería, el cálculo es otro: el refresco subió, el vitrolero no, y por primera vez la diferencia se nota en la cuenta.
Piensa en tu última orden de tacos. Cinco al pastor, salsa, limón. Y el refresco de 600 mililitros que pediste sin pensarlo, porque siempre se pide.
Ese refresco trae adentro un impuesto que este año casi se duplicó. Y el dato que acaba de salir dice algo incómodo para quien diseñó la medida: la gente lo siguió comprando igual.
Los números, sin rodeos
El IEPS —el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios, el gravamen que se le pone a lo que el Estado quiere que consumas menos— subió en 2026 para las bebidas saborizadas. La cuota pasó de alrededor de MX$1.64 a MX$3.08 por litro. Y se estrenó una cuota nueva, de MX$1.50 por litro, para las versiones light, sin azúcar o con edulcorante — sí, incluidos los sueros orales.
- MX$32,769.4 millones recaudados por IEPS a bebidas saborizadas de enero a junio — cifra sin precedente desde que el impuesto existe, en 2014
- +65.8% contra el mismo semestre del año pasado (cerca de 58% de crecimiento real, ya descontada la inflación)
- Casi 25% de todo lo que el IEPS cobra a productos considerados dañinos para la salud
- MX$132 mil millones en seis meses sumando refrescos y comida chatarra
- La cuota pasó de MX$1.64 a MX$3.08 por litro en bebidas con azúcar, más MX$1.50 por litro en las de edulcorante
(Fuente: SHCP, informes de finanzas públicas; La Jornada, 03/08/2026 y 08/09/2026; Expansión, 31/07/2026.)
Un impuesto que recauda más del doble no es un impuesto que esté cumpliendo su objetivo declarado. Es un impuesto que está cumpliendo otro: juntar dinero. Si el consumo hubiera caído como se prometió, la recaudación habría crecido bastante menos que la cuota. Creció más.
El Mundial también tuvo que ver
Hay una explicación parcial y es honesta reconocerla: el torneo. Un país entero viendo futbol es un país entero comprando refresco, y el semestre incluyó el Mundial completo. Hacienda no solo cobró más por litro: se vendieron más litros.
Eso hace el dato menos concluyente de lo que parece —no todo el crecimiento es "la gente no dejó de tomar refresco"—, pero tampoco lo salva. Un impuesto diseñado para que consumas menos que coincide con el semestre en que más consumiste es, como mínimo, una herramienta que no aguantó su primera prueba seria.
Qué trae el Paquete Económico 2027 (y qué no)
La propuesta fiscal del año entrante, entregada hace unos días al Congreso, no propone otro aumento a las cuotas de refrescos ni de bebidas saborizadas. El ajuste grande ya se hizo y este año no se repite.
Lo que sí sigue su camino:
Cigarros. La cuota por pieza sube de MX$0.8516 a MX$0.9197, dentro del calendario gradual ya aprobado, con trayectoria al alza hasta 2030.
Sodio y botanas. En la Cámara de Diputados se discute extender la lógica de los "impuestos saludables" a alimentos con exceso de sodio —sopas instantáneas, frituras, botanas— y a bebidas alcohólicas. Carol Antonio Altamirano, presidente de la Comisión de Hacienda, lo planteó así: "si somos congruentes en el sentido como se anunció en el caso de IEPS a bebidas azucaradas, estos son los temas que quedarían pendientes y vamos a discutir".
Traducción para el changarro: el refresco ya subió y se queda donde está; lo que viene a revisión es la botana que cuelga junto a la caja.
Por qué esto le pega distinto a la taquería que al súper
El IEPS lo paga el productor, no el taquero. Pero llega hasta el mostrador convertido en precio de compra, y ahí es donde se pone interesante.
En una taquería o una fonda, la bebida no es un detalle: es margen. El taco deja poco —la carne, el gas, la tortilla y la nómina se comen casi todo, como vimos al desglosar cuánto cuesta realmente un taco—, mientras que el refresco se compra por caja y se vende por pieza. Durante años ese fue el equilibrio silencioso del negocio: el taco atrae, la bebida sostiene.
Cuando el costo del refresco sube, el changarro tiene tres salidas. Absorberlo y ganar menos. Subirlo y arriesgar que el cliente pida agua de la llave. O empujar lo que ya tenía y le deja más: el vitrolero.
Un litro de agua fresca de jamaica, horchata o tamarindo se prepara en casa con fruta, azúcar y agua, cuesta una fracción de lo que cuesta comprar refresco embotellado, y no paga IEPS. Por eso la jarra dejó de ser folclor y se volvió estrategia. Si notaste que en tu fonda de siempre ahora te ofrecen el agua del día antes de preguntarte qué refresco quieres, no es casualidad ni salud pública: es aritmética.
Qué hacer con esto desde tu mesa
Pide el agua del día y pregúntale al vaso. Un agua fresca bien hecha —fruta de verdad, no polvo— es de lo mejor que tiene la comida mexicana de diario, y suele costar lo mismo o menos que el refresco. Un vitrolero turbio, demasiado dulce o de color imposible es otra historia: ahí estás tomando agua con azúcar y colorante, sin el impuesto pero también sin la fruta.
Compara el precio por litro, no por vaso. Es el truco que nadie hace. Un refresco de 600 ml a MX$25 sale en MX$41 el litro. Un litro de agua fresca a MX$20 en el mercado es, literalmente, la mitad. Y en la comida corrida el agua suele venir incluida.
No confundas "light" con "libre de impuesto". Desde este año, la versión sin azúcar también paga — MX$1.50 por litro. La diferencia de precio entre una y otra es cada vez menor, así que si cambiaste a light por ahorro, el argumento ya no aplica.
Y si el taquero te sube el refresco, ya sabes por qué. No es abuso: es un costo que le llegó de arriba y que él no decidió. Lo que sí puedes exigirle es que el precio esté a la vista — la lista visible no es cortesía, es obligación, y aplica igual a la bebida que a los tacos.
La lección del semestre es vieja y siempre se reaprende igual: gravar un hábito no lo desaparece, lo encarece. Quien podía seguir pagando, siguió pagando. Y el que no, ya encontró la jarra que lleva décadas ahí, esperando a que le hiciéramos caso.
El impuesto no te quitó el refresco de la mano. El vitrolero sí puede — y encima sale más barato.
Foto: Gzzz, "Aguas frescas Juchitán de Zaragoza", vía Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0).